Nunca había visto a Batman dibujado por Quino.
Otro buen tomo.
Me molesta que haya alguna página muy mal reproducida o que haya algún que otro chiste que he visto en otros libros de los que he leído recientemente.
Pero me lo compensa el que me haya parecido el más divertido con diferencia de todos ellos.
En Avilés me vino a la cabeza Quino a raíz de un comentario que no tenía nada que ver con él durante una de las charlas.
La razón era una frase que dijo hace años en una entrevista. Venía a decir que cuanto más sabes dibujar, más quieres y sabes simplificar tu estilo.
Y me di cuenta de que Quino no es un autor cinematográfico, que es un autor teatral.
Pensemos en una escena de una de sus páginas de humor: un hombre en un restaurante y un camarero. ¿Qué dibujaría Quino? Un tipo en una mesa y un camarero en una bandeja.
Nada más.
No sabrías si hay más gente en el restaurante, ni si está sentado el cliente dentro o en una terraza, ni si está a al lado de alguna ventana, o cómo es la decoración, o si está en un reservado, o al lado de la barra.
Nada.
Puro minimalismo, como la mayoría de producciones teatrales, donde el espectador/lector ya se sitúa con esta información. Porque la verdad es que la información que añades pero que el lector no necesita es sólo ruido.
Y en éstas estoy, admirando a Quino es su sencillez, que no simplicidad.
Es curioso ver que con los años Quino se fue soltando un poco el pelo, dibujando desnudos e insinuando un lenguaje más, digamos, florido.